Intrusion
After I had cut off my hands / and grown new ones// something my former hands had longed for / came and asked to be rocked. // After my plucked out eyes / had withered, and new ones grown// something my former eyes had wept for / came asking to be pitied.
Denise Levertov (de "Poems 1968-1972", New Directions Publishing Corporation, 1987.)
Thursday, July 25, 2013
Intrusion
Sunday, June 16, 2013
Adagio
A veces, el universo te envía maestros fugaces. En esta ocasión, un hombre -tuitero- se acercó y se alejó en menos de tres semanas. Mi acupunturista sólo me dijo que estaba descompuesta y tuve que decirle por qué. Muchos han coincidido que no vale la pena ni unas líneas aqui; otros, me dicen que yo tuve la culpa.
Yo decido pensar más allá, porque luego de llegar a la tradicional frase: "Pendejo, tú te lo pierdes" que en mis 20 era el punto final, en mis 30 no es suficiente.
Esta persona se acercó de una manera particular. A pesar de decir que leyó este blog de pies a cabeza, donde me confieso una romántica sin remedio y dramática por gusto, no se le ocurrió llegar con una flor, ni siquiera virtual, ni un chocolate. Luego, si se fijó muy bien que mi compañera de trabajo estaba muy emocionada por una salida, por supuesto, a ella si le decían Buenos días y Buenas noches, le regalaron una flor y se referían a ella con apodos cariñosos. A mi me llegaron hablando de tuiteras y qué opinaba yo de ellas, haciéndome sentir en una edición The Bachelor XL.
A mi no me invitaron a salir, me dijeron: "Hoy cenamos." Y qué hay de malo si yo quería una pregunta y sonreír leyéndola al teléfono? Si el nivel de cortejo en mi vida ha sido bajo y los detalles son los ladrillos de la base. Eso no importa si leyó todo este blog y a pesar de hablar de mucha franqueza sólo dejó de escribir justo cuando era yo la que iba a preguntar para salir. Y aqui viene el plato fuerte del asunto, la frase: "porque así somos los dictadores como tu papá y como yo." Sucede que yo no deseo otra imagen autoritaria en mi vida, me cansé de que no me preguntaran qué deseaba comer en mi adolescencia, me cansé de que la cordialidad y el cariño fuera en una sola dirección. También, músico, me dijiste: "tú sabrás por qué te altera una invitación" Y eso es lo que te agradezco. Agradezco que no haya salido de mi cabeza este episodio por días. Una amiga me dijo que escribiera lo que no quería, para estar más clara. Aqui estoy, con mi naríz goteando el llanto de mi alma de princesa triste, aclarando lo que no deseo.
No deseo en mi vida un dictador. Me niego a ser madre de mi pareja, por eso odio el "mami" que no venga de un hijo. No deseo un hombre frío, desierto de detalles, porque yo creo firmemente que las pequeñas cosas construyen. No deseo a un hombre que no exprese lo que siente, porque yo no soy adivina. No deseo a un hombre irresponsable, adicto, ni vividor, ni tóxico.
Para lo demás, hay cosas que pueden -y deben- negociarse.
Espero que estas líneas le respondan al Universo que me hizo encontrar su tarjeta el viernes mientras buscaba el teléfono de un vendedor. Una tarjeta que tenía al menos 2 años en un tarjetero que nunca reviso.
Y nunca supe si te gustaban las panquecas...
Saturday, May 18, 2013
DesHusos
Cuando mi domingo es tu lunes
El frío duerme conmigo
Acampa en mis pies y se alimenta de mis lágrimas
El cálculo de horario es una reminiscencia de tu atención
Cuando mi domingo es tu lunes
Y una película me acompaña
Sí, aún te recuerdo.
Yo vivo en un pobre país petrolero
Vivo en un país petrolero con déficit de papel higiénico.
Los habitantes de esta tierra explotada estamos con nuestros instintos más
básicos despiertos. A veces, siento que mi cerebro reptil me domina. No
vivimos, sobrevivimos. Cazamos alimentos corriendo de local en local, y hemos
llegado a las imágenes más vergonzosas por un pollo o un kg de harina de maíz
precocida. Los venezolanos nos estamos volviendo más básicos, burdos y
violentos cada día.
En esta tierra no basta luchar con el mal humor por los
propios problemas de cada quien. Ya no
basta la carga emocional de la soledad, las ausencias, las carencias, ya no.
Ahora, hasta algo tan básico como descargar los intestinos con dignidad se hace
cuesta arriba. Ultimamente, mis partes
se han resentido con la aspereza de una servilleta.
Más allá de la situación jocosa con el papel sanitario, el
país se está paralizando poco a poco. Cada semana, la inflación nos golpea, se
expropia, se van las empresas y se es un poco más pobre, aún más. Y uno piensa que hemos tocado fondo, que no
se puede llegar más allá, y es entonces cuando veo a una persona profesional
expresar por las redes sociales su apoyo a toda esta debacle político-económica
en manos de incompetentes con labia, y allí es cuando me doy cuenta que el
problema somos nosotros. Nosotros como
sociedad, esa sociedad ahuecada que se cocinó a fuego lento, con madres solteras
que tuvieron que salir a trabajar y dejar a sus pequeños solos. Esos pequeños
se formaron con lo que pudieron, comieron lo que encontraron y terminaron
siendo lo básico, sin ver más allá de sus narices. Unos huérfanos morales que
se multiplicaron con las crisis propias de los tiempos modernos y terminaron
siendo la gran masa de pendejos que caminan como borregos hacia el precipicio.
Vivo en un país petrolero, desgraciadamente. Dónde los
huérfanos morales no desarrollaron la autoestima suficiente para creer que
podían alcanzar algo por ellos. Los veo
cada día en largas colas para comprar alimentos, recibir pensiones y hasta
acceder a línea blanca, que luego venderán por el doble, y gastar ese dinero en
un teléfono inteligente que les da status, un pantalla plana, o un aire
acondicionado. Un país donde cuesta mirar el futuro, porque no tienes asegurado
el presente. Un “como vaya viniendo” en el que llevamos 14 años y sin ánimos de
cambio. Un juego de resistencia con diversos obstáculos que me hacen pensar en
30 millones de Sísifos cargando con nuestros errores colectivos.
Vivo en un país petrolero, y mientras haya petróleo, habrá
dinero. Y mientras haya dinero, el precipicio puede crecer.
Tuesday, April 2, 2013
Puta frustrada
Cuando piensas que tienes la suficiente personalidad para
que no te importe lo que digan los demás, viene ese comentario, certero, con
toda la razón del mundo, de una persona importante y te golpea en la madre.
Al parecer, me veo como toda una mujer fácil y resbalosa. Llevo años sola, viviendo sola, y no tengo
mascota, ni hijos ni un vibrador. Por algún lado debe explotar mi necesidad de
cariño y, sin querer, me saboteo. Reparto abrazos por doquier, regalo
tarjetitas, pendejadas, envío sms, mensajes de whatsapp con emoticons y
mensajitos pajúos de palmaditas en el hombro y felíz día.
Puedo parecer que soy muy risueña y tengo una vida felíz, que
me acuesto con una sonrisa y me levanto sonriendo en la montaña saludando a los
pájaros. No es así. Paso fácil 12 horas sin hablar, las horas que no trabajo, enviando
mensajes de voz por mensajería para sentir que es más personal la
comunicación. Mucha gente me dice que
entre en servicio de voluntariado para drenar esto, pero hasta ahora no logro
convencerme de lo que me grita mi alma: Tanto he dado a otros y sólo me
gustaría recibir un poco.
Si me siento víctima en este momento, escribiendo este post
dramático porque a veces no es sólo ganas de contacto físico, sino de sentir a
alguien al lado. Si, le he dado a probar
tortas a hombres casados que sólo son amigos, o quizás ni eso. Es más un detalle conmigo que con ellos, es
lo que me salió en ese momento. Aunque
no se vea bien, aunque no lo pueda hacer frente a sus esposas porque me halaran
los cabellos al estilo prehistórico defendiendo a su macho.
Cuando mamá vivía volcaba todo mi instinto en ella. Ahora,
supongo que necesito una mascota o sencillamente, aguantarme las ganas, para no
parecer puta. Una puta que no tira ni
toca, menos disfruta. Una puta frustrada
que regresa a su casa cada noche y se dice al espejo: Someday. Algún día, podrás dar bocaditos, abrazar, mirar lindo y guiñar el ojo. Quizás si, quizás no.
Monday, January 21, 2013
La vida como un erizo
De esta aventura en blogger gané a mi mejor amiga. Aunque no voy a fiestas, no bailo, no tomo
socialmente con la frecuencia de una mujer normal y soltera de 30, soy ácida y
a veces ermitaña, pues por alguna razón le agrado. Cosa curiosa que haya decidido acercarse a un
erizo como yo. Y más curioso aún que haya leído un libro muy parecido a mí y me
insistió hasta el fastidio que lo leyera. El libro que estoy leyendo se llama
La elegancia del erizo, de Muriel Barbery.
Hoy me pregunté cuántos erizos estaremos por allí, algo
malhumorados porque no somos tan populares y agraciados. Una persona erizo, por experiencia –y pueden
leer el libro para comprenderlo- se enconde tras una imagen de dureza, aún
cuando su interior sea muy blando. En el
libro, una “tosca” portera y una “ácida” adolescente tratan de burlar al mundo escondiendo su inteligencia.
La portera llamada Reneé tiene una sola amiga y la creen una vulgar
conserje. La amiguita, llamada Paloma, se encuentra en una crisis existencial a
los 13 años porque no le ve el sentido a la vida. La historia se compone de las impresiones de
estas dos personalidades muy similares.
Particularmente, disfruto mucho de los capítulos de la adolescente,
quizás porque tiene algunos de mis rasgos, como la ácidez en mis palabras. El punto culminante de la historia se alcanza
cuando llega un nuevo vecino al edificio, es un japonés muy sensible que sabe
Ver en estas dos mujeres la verdadera belleza.
No he terminado el libro, me han dicho que el final de Reneé no es
agradable…pero quise escribir esto pensando que Reneé es felíz, porque en la
página que la dejé anoche, lo es.
Mirando unos profundos ojos azules una noche en la gabarra
GP-23 de PDVSA escuché un mensaje que era muy importante para mi en el
2004. No recuerdo las palabras exactas
para citarlo, pero el mensaje era que tenía que ponerme “dura” o no iba a
sobrevivir en ese ambiente. Los obreros
de la gabarra me veían levantando una ceja.
En ese momento era una jovencita pálida, con mechas color miel y un tono
de voz bastante moderado. Hice mi mejor
esfuerzo para que me empezaran a tomar en serio. Con algo de práctica fui avanzando hasta
cambiar mi paso, mis ademanes y hasta mi tono de voz, mi lengua aprendió a
gesticular groserías, mis manos aprendieron saludos masculinos y un día llegó
la tan esperada frase “Eres uno de los nuestros, un macho más”. Cuando volví a casa, tuve que quitarme algo
del lastre, pero aún no logro quitarme la dureza en mi rostro. Muchas veces me han dicho que camino con el
ceño fruncido, con cara de “culo” como se conoce coloquialmente por estos
lares. A veces, cuando me pongo a pensar
en universos paralelos donde tengo otra vida que me hubiera gustado tener,
pienso en cuántas personas he espantado en estos últimos años. No me martirizo
al respecto, porque también sé que también espanto a las personas que no son
indicadas para mí, pero a veces duele.
No soy tan aburrida como cree la gente…y aún cuando en casa sólo tengo
CD´s de música clásica y lírica, también disfruto algo menos acartonado. Se acerca el 14 de febrero y como es de
esperarse, los erizos nos acurrucamos solos esa noche. Es sólo una fecha, pero es LA fecha, porque
ves desfilar ramos de flores, cajas de bombones y demás cursilerías que a una
le gustaría recibir. Y es en estas fechas cuando uno piensa que la vida no
debería ser tan complicada para los que decidimos ser como somos, sin estar
tratando de agradar al montón. Lastimosamente, ser auténtico tiene su precio y
no todo el mundo está preparado para serlo o para estar con personas
auténticas. Por eso los erizos somos
solitarios.
Sin embargo, quiero sonreír porque una vez en Los Roques,
con mi madre, vimos un grupo de erizos
en la orilla, el agua es muy cristalina y no es necesario googles para ver. Mi mamá sonrío y me dijo:
-Los erizos son muy bonitos, la gente les tiene miedo, pero
ellos no tienen la culpa de tener espinas, así los hizo Dios.
Thursday, January 17, 2013
Detalle...
"Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.”
| — | La insoportable levedad del ser (Kundera Milan) |
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