Wednesday, March 21, 2018

Desde la nada, relatos que dicen todo.


Desde la nada de Heberto José Borjas, editado por FB libros: Diez relatos con impacto elegantemente dosificado.
Debo decir que no tenía grandes expectativas ante este libro, pero la escritura impecable de Heberto José Borjas me impresionó gratamente. Amén del buen oficio del corrector, Borjas nos presenta una estructura sólida con buen ritmo e imágenes bien construidas. Mi énfasis en la estructura que logra Borjas resulta de su honestidad al decir que es un escritor empírico, cosa que agradezco. El libro abre sumergiéndonos en la psiquis de una joven venezolana que nos retrata el hambre y la pérdida de rumbo, sigue un fantasma que no logra asustar a un pequeño, y luego vamos a las penurias de la reclusión con unos muchachos que nos hacen reflexionar sobre la ley del más fuerte. El cuento que da nombre al libro tiene significancia en tiempos políticos revueltos como los que vivimos; se cuela una referencia obligatoria a Fahrenheit  451 y otras historias distópicas como 1984. Borjas tiene la peculiaridad en cada cuento de pelar como una cebolla a sus personajes, dejándonos un sabor con cada capa que descubre, al ritmo adecuado. El autor va de lo general a lo íntimo, de lo poco importante al remolino de emociones que padece  cada protagonista.  La nada, la muerte psíquica y la muerte espiritual están presentes en cada relato, y brindan una moraleja para el lector más filosófico.
Si bien las referencias a la idiosincrasia venezolana son fuertes, las historias pueden ser disfrutadas por un latinoamericano sin problemas. Un aspecto que siempre tomo en cuenta a la hora de recomendar un libro, es la escritura universal del autor, y Borjas lo cumple. Las “malas” palabras tienen su uso justificado, y no se abusa de modismos ni lugares comunes. Las historias denotan un mundo cultural rico en el escritor, con trazas incluso científicas. El libro termina con la historia de un investigador que descubre la fórmula de la invisibilidad, y se aprovecha de ello para saciar sus peculiares fetiches, con un final bastante irónico y jocoso.
Gratamente sorprendida con Desde la nada de Heberto José Borjas, lo recomiendo como lectura fresca sin llegar a ser superficial. Le seguiré la pista a Borjas...

Sunday, March 4, 2018

Se termina conmigo: El coraje de Natasha Prosperi.


La primera mirada lasciva que conocí en mi vida fue en mi niñez, vino de parte de un vecino de mi abuela. No recuerdo para ver qué cosa mis tíos me dijeron que fuera al cuarto del señor,  que en ese momento era como un padrino para mí. Recuerdo que pensaba cómo correr hasta la sala, donde estaban mis tíos. Si bien este señor no era un hombre corpulento, para ese momento era más grande que yo. No recuerdo qué le dije, me sonrió y se hizo a un lado. Y nunca volví a ese apartamento. Recuerdo que le conté a mi madre, y obtuve la típica respuesta de un madre sumisa: “No vuelvas a decir eso. Carlitos te quiere como un tío”. Ese episodio estaba “enterrado” en mi memoria hasta que leí Se termina conmigo, de Natasha Prosperi.  Creo que el abuso, de cualquier naturaleza, está bien arraigado en nuestra cultura latina. El machismo que se trasmite de generación en generación va creando “callo” en nuestro femenino, y de repente nos vemos aceptando y justificando conductas de nuestros hombres que no son sanas. No es hasta que por cosas de la vida te enfrentas a una terapia y comienzas a tomar conciencia de lo que pasaste o estás pasando.
Por lo que cuento y por otros episodios de mi vida, siempre me ha interesado el tema del abuso, tanto físico como psicológico. De padre autoritario y madre sumisa, siempre ocurre una fractura, siempre toca armarse y moldearse en resiliencia, mucho más en una sociedad latina donde la familia oculta sus trapos sucios por vergüenza. Tomé Se termina conmigo con la mente abierta y sin expectativas. Debo decir que el testimonio de Natasha Prosperi me ha hecho llorar, sentirme vulnerable y entender por qué se paralizó ante el abuso en un primer momento. Si bien ando revuelta estos días con la lectura de este testimonio, agradezco profundamente que Natasha se haya atrevido a publicar su caso. El libro está escrito de manera muy sencilla, ¿Qué retórica tiene cabida en una historia que te destroza la paz? A ratos, nos habla la Natasha niña; a ratos, la Natasha adulta y la sanadora herida que puede ayudar a otros. El libro cuenta con cartas enviadas a distintos familiares y al terapeuta de Natasha, Rob, el pivote de la sanación. En ningún momento se percibe amarillismo o lenguaje fuerte más allá del necesario. Se termina conmigo puede ser considerado un libro esencial para padres que proporciona datos a la hora de reconocer a un depredador sexual y a un abusado. Considero que puede llamar a la introspección del lector, y se agradecen los trazos de lenguaje con amor que le dan equilibrio al texto. No fue culpa de Natasha. No es culpa de la abusada. No fue, es, ni será nuestra culpa siendo protagonistas de un abuso. Es un tema muy delicado, pero Natasha Prosperi lo maneja con soltura y elegancia.  
Recomiendo la lectura de Se termina conmigo. Agradezco el coraje de Natasha Prosperi, y de todas las mujeres que levantan su voz contra el abuso.  Debe existir un ¡Basta!
Mientras, en mi celular tengo varias llamadas perdidas de mi padre. Y me tomo el tiempo para preguntarle a mi niña si desea hablar con él de nuevo, luego de tantos gritos y maltrato psicológico.  Quizás yo también diga: ¡Se termina conmigo!

Thursday, December 14, 2017

Hambre.

“Bisteck, arroz y ensalada. Pollo arroz y ensalada. Pescado, arroz y ensalada. Estoy cansada.”

No recuerdo qué edad tenía cuando le hice este reclamo a mamá, pero sí recuerdo su expresión.  Debía aprender a ser agradecida con los alimentos. De eso se encargó la vida. Ahora, a mis 37 bendigo y agradezco cada cosa que me llevo a la boca. Vivo en Venezuela, un país donde –según estadísticas- el 58% de las familias ya no pone la mesa. Para mí no es necesario ver buitres o gente desfalleciendo en las calles para decir que estamos en el camino de una hambruna. Es cierto que podemos ver los restaurantes colmados y gente haciendo mercados totalmente ilógicos en la situación tan precaria que vivimos. Pero sucede que mi país está totalmente fracturado, y con abismos por los cuatro costados: Gente que se gasta tres sueldos en un cubierto y gente que no puede desayunar un pedazo de pan (porque también, cada vez es más difícil acceder al pan). Gente que tiene acceso a dólares preferenciales y para la cual la vida en Venezuela es una ganga, y gente que depende de un sueldo que se hace agua para alimentarse. La estructura de costos es cada vez más absurda y terrorífica, si dejas una compra para la próxima semana te das cuenta del remarcaje y la locura que nos están llevando a una inflación proyectada de 1033%. Muchas empresas del sector alimentación han sido expropiadas en manos de un estado que se hace llamar socialista cuando es un vulgar comunismo oxidado, esto no hace más que empeorar la situación. Desde hace un tiempo, se ven miles de personas registrando las bolsas de basura en zonas residenciales buscando ya no ropa o enseres sino comida. Cada vez los venezolanos somos más delgados, más fatigados, más tristes. En estos días hablaba con un amigo: No se le puede pedir filosofía al desnudo. Y hoy escuché en radio a una experta en nutrición: son tres generaciones perdidas por desnutrición, un niño desnutrido no se puede desarrollar apropiadamente, tendrá un trabajo de sueldo bajo y será padre/madre de familia pobre que votará por el que le ofrezca una caja CLAP (Una caja con ciertos productos alimenticios que reparte el gobierno por asociaciones comunales) y allí se cierra el ciclo del populismo. La experta utilizó la palabra perversidad.  He pasado por varios estados del pensamiento en estos 18 años de mal llamada Revolución y en estos momentos creo firmemente que toda esta destrucción viene de la maldad, un resentimiento y una ignorancia con la constancia necesaria para destruir un país que pudo ser desarrollado hoy en día. Si bien es cierto que el chavismo se gestó desde antes de 1999 también es cierto que varias personas alertaron del fenómeno social y no les creímos, no nos importaron los pobres, los desasistidos de los cuales dependemos hoy en día para ganar una elección y poder ver una luz en este túnel tan largo.
El hambre es una palabra muy incómoda. La gente no quiere hablar del hambre. Hasta que lo toca. El acceso a la proteína, sea animal o vegetal se está poniendo cuesta arriba. Si tomo el lado metafísico del asunto, queriendo ser comeflor, espero que estemos tomando consciencia de la gratitud, de lo más simple y de la austeridad en el buen sentido para la vida. Lamentablemente, es muy doloroso el aprendizaje. Crecí en un país que botaba enseres cada diciembre, aún casi nuevos. No llego a los 40 años y ahora somos un país donde la basura de unos pocos es el alimento de muchos. He aprendido a ser vegana a la fuerza, a hacer postres con sólo tres ingredientes no convencionales y no me va mal. Por supuesto, debo confesar que tengo amigos muy generosos y también golpes de suerte cada tanto, que me refrescan el camino. La pregunta que me invade en los momentos de reflexión es: ¿hasta cuándo podremos seguir así? Hasta cuándo podremos ingeniárnosla con lo poco que llega…no tengo respuesta, y no he visto al primero que se acerque a una atinada, la verdad. Me siento perdida y no creo ser la única. Mi empleo no me permite tener un vida tranquila, aún sencilla. Todo en Venezuela es un sufrimiento, incluso comer. Sobre todo porque no siempre comer es nutrirse, y nadie mal nutrido puede estar tranquilo.

El hambre es un tema muy complejo, tiene demasiadas aristas y toca susceptibilidades. Sólo quiero dejar testimonio que mi esperanza no se amilana, que seguiré inventando con lo que pueda conseguir, pero también quiero dejar plasmado en este espacio virtual que mi hambre se acrecienta cada día. Tengo mucha hambre, cada vez más, y no es tanto un hambre biológica. Tengo hambre de justicia, hambre de paz, hambre de estabilidad. Los régimenes totalitarios desnutren el alma, y ese vacío lo llena la dignidad que nos es arrebatada en cada vejamen que sufrimos. Lo que vivimos los venezolanos que quedamos en Venezuela es muy fuerte y desolador. No me cabe duda que jamás seremos los mismos.

Thursday, August 3, 2017

Una arepa de chicharrón con queso

Tenía días sin reír, llorando, cuando mi mamá se acercó a mí, me haló por el brazo y me sonrió diciendo:
-“Vamos, vi un dulce de chocolate que te va a gustar en la panadería. Nos tomamos un café, y hablamos pendejadas sentadas en las mesitas”.
Y fuimos. Y así era como mi madre me quitaba de sopetón el despecho por un amor no correspondido.  Y lo hizo varias veces, porque el rechazo ya tiene décadas. Hace siete años ella ya no está para tomarme del brazo en la tristeza, pero a veces me parece sí lo hace.
Tengo días llorando. Nuevo nombre, mismo sentimiento…porque soy terca, porque quiero creer que sí hay alguien por allí al cual darle almohadazos y hacerle reír con mis payasadas. Soy terca. Hoy tomé mi café del trabajo muy dulce, como si la tristeza muriera de diabetes cuando es el cuerpo el que se agrede a sí mismo. Y estaba organizando mis ideas cuando me ponen un platito con arepa de chicharrón rellena de queso blanco, acompañado de una mirada de abuela. Sonreí y agradecí. Terminé llorando porque las mujeres con las que trabajo me han estado consintiendo. Y como un matriarcado que somos, entre nosotras nos sanamos, nos consolamos, nos aconsejamos y nos damos espacio para sanar. Nunca he creído que somos el sexo débil, las mujeres hemos soportado por milenios no solo los embates del ambiente y la vida misma, sino todas las tormentas que tienen lugar en nuestro interior. Y unidas sanamos, siempre. Es ese poder trasmutador y la sabiduría femenina lo que mantiene al mundo.  Con calorcito en la panza, estoy convencida.

Y no, las penas no se resuelven comiendo. Para mí son los antojos; para otra, música; para otra, un paisaje. Cada mujer es un minicosmos con su botiquín de primeros auxilios. Gracias al universo por eso. 

Una arepa de chicharrón con queso a veces es mucho más que eso. A veces, es el mensaje de que todo pasa, y vamos a estar bien. 

Friday, February 17, 2017

La bibliografía de tu vida


Debido a mi trabajo, me expongo ocasionalmente a bibliotecas de personas ausentes. Trabajo en una librería que vende libros de segunda mano, y no siempre estos libros con historias llegan a la puerta, hay que buscarlos. No siempre estos libros se buscan en cajas, hay que sacarlos de su nicho en un hogar, y a este acto de usurpación se debe esta reflexión.

Hoy visité un hogar. Llegar a una casa a buscar libros a veces es incómodo. Hay gente que no deseaba desprenderse de su biblioteca, pero suceden muchas cosas que los obligan a ello. A veces, estas personas te ven tocar cada libro con recelo, fruncen el ceño, y permanecen en silencio, resignados. La vida te pone al frente ciertos procesos, y no todas las veces puedes cargar con tus libros, por lo cual el kindle es bendito por viajeros. Llegué a una biblioteca grande, bonita, con mobiliario de madera. Al principio, pensé que podía simplemente meter todo en cajas y embalar, pero encontré un poemario de Antonio Machado, una edición vieja de Rayuela, y mi mente comenzó a dar vueltas. Por supuesto, la biblioteca tenía su sección profesional donde estaban los serios y formales libros de administración, contabilidad y otros de psicología. Me asombré de la cantidad de material bibliográfico sobre temas exactos. Me entusiasmé con unos libros de Stephen Hawking, personaje al que admiro, y sentí la empatía del fanático. Cayeron al suelo tarjetas, cartas, marcalibros de librerías que no existen o han cambiado de dueño, postales y fotografías familiares. Allí, agarraba cada libro más despacio, como el arqueólogo que cepilla un hueso. Libro tras libro, en segundos, pensaba en las páginas que habían sido dobladas, dejado abiertas toda la noche, o quizás, nunca leídas. Toda esa energía transmitida al papel hecha nostalgia ajena y embalada para ser comercializada. Cada persona construye una vida palmo a palmo, se desarrolla, aprende, construye una familia, viaja, envejece, vive, y si es lector, algún libro lo acompañará en cada acción. La bibliografía de su vida no es cualquier cosa.

La vida me enseñó a tener respeto por los libros, por las obras de los autores y por los gustos literarios de la gente, sea lo que sea. Hoy reflexiono sobre lo que significa dejar la biblioteca atrás, para mudarse, cambiar de vida, de país, de amigos. Tu biblioteca dice mucho de ti, de tus preocupaciones, tus pasatiempos, tus inquietudes. Como tal, merece respeto, cada libro, cada estante, cada recuerdo que forma parte de ese espacio que hacemos templo. Con ese respeto aprendido trato cada libro con historia que llega a la librería. Un libro con historia tiene en él la energía del que lo amó, el que lo detestó, las repisas en las que estuvo y la historia que cuenta, un libro tiene dignidad. Como pichón de librera, es un mandamiento resguardar el espíritu de la librería, mantenerlo, defenderlo, y parte de ésto consiste en no prostituir las historias.

La persona que dejó atrás esta biblioteca me pidió que los libros llegaran a buenas manos, y así cuidaré que sea. Un librero es un escudero de historias.

Thursday, February 16, 2017

Sensaciones

Mamá me decía que el helado se comía luego de visitar la tienda de telas. Era uno de mis paseos favoritos de la infancia: ir a comprar telas al centro de la ciudad. Luego de salir del metro, caminar unas cuantas cuadras, atravesar zonas de ruidos ya familiares, sortear unas cuantas alcantarillas y bolsas de basura se abría ante mí una paleta deliciosa de colores y texturas. Podíamos pasar horas viendo telas. Claro, para una niña la experiencia era diferente. Yo no pensaba en costos o la facilidad de la costura, yo pensaba en si la tela era suavecita y podía dormir sobre ella.
Pensando en sensaciones esa es la primera escena que viene a mi memoria. Le siguen las manos en la tierra, las arepitas de barro y jugar con el yeso sobrante de alguna reparación casera. Toda mi vida he amado las burbujas, la espuma, los líquidos espesos como el chocolate caliente y las texturas gelatinosas como los malvaviscos. No concibo una persona que pase por la vida sin disfrutar texturas y colores. Pienso en sensaciones, visualizo en texturas y siento en colores. En mi mente todas las sensaciones se mezclan en imágenes. Quizás por eso tengo la facilidad para abrirme a textos poéticos, la imagen forma parte de mi existencia, aún antes de saber qué era eso.
Adoro tocar, lamer, escuchar cómo suena algo al frotarse, oler y hasta podría decir que arder. Adoro ver arder el papel. Suelo quemar muchas cartas, más de las que deberían terminar en cenizas. Alguien me dijo que soy muy golosa…le respondí que es mi forma de vida. Soy muy golosa…para todo. Mis cinco sentidos siempre están curiosos de estímulo. Ver una obra de arte impactante, probar un merengue cremoso, pisar la arena mojada o la grama, la tierra húmeda en mis manos al hacer jardinería, el cuerpo del ser amado…
¿No es acaso la vida un constante experimento? Un parque temático que no se repite...
¿Es el hombre como raza un punto en un campo de paralelas?
Sí. No. Todo está conectado. Creo firmemente que una persona viva, vibrante, sabe apreciar la belleza en su entorno, y la busca constantemente. Si no
¿Para qué nos fueron dados los sentidos tan finamente engranados?
La vida misma es un impacto ensordecedor, estremecedor y enceguecedor absolutamente bello. Observa, escucha en silencio, palpa, prueba. Vive. El protocolo, las dietas, las normas castrantes y otros inventos de la mente humana (nótese que no digo pensamiento) sólo sirven para neutralizar nuestras sentidos y dormir nuestro espíritu. Un espíritu despierto y alegre come, salta, experimenta, prueba.

Siente. Vive.

Friday, April 29, 2016

Mi pequeño campo de concentración rico.

Leí el Diario de Ana Frank en mi adolescencia. Recuerdo que dejé de comer papas por unos meses. Recuerdo tratar de imaginarme las condiciones del escondite, el olor, el miedo de hacer ruido. Siempre he sido sensible al tema del holocausto. Siempre he tenido fascinación por esa parte de la historia tan vergonzosa. Lo que nunca imaginé fue vivir algo similar.
Por supuesto, guardo distancia, en la Venezuela 2016 no hay trenes llenos de gente que se dirigen a campos de concentración. Porque hay un solo campo de concentración, uno inmenso, de 916445 Km2. Y no hace falta transportarnos, ni escondernos.
Tenemos medios audiovisuales, prensa, internet –a una velocidad que apesta, pero internet al fin- no estamos sometidos a trabajos forzados ni nos rapan la cabeza. No. En cambio, el partido que se dice socialista compra los medios que no están de su parte, estrangula a la prensa que aún guarda cierto criterio. Despide a la gente crítica en todo ámbito. El venezolano promedio nace en una maternidad infectada, sin recursos, o en una cola. Si logras sobrevivir, tu madre deberá hacer colas de horas una vez a la semana con tu partida de nacimiento para poder alimentarte y ponerte un pañal. En el intermedio, tendrás suerte si no enfermas de gravedad y serás privilegiado si te colocan todas las vacunas. Tus hermanos no van a la escuela porque es muy costoso, porque no tienen uniformes, porque también deben hacer filas en los supermercados o porque sencillamente, es viernes. Sí, el Estado suspendió clases los viernes para ahorrar electricidad. Porque sucede, y esto no lo puede entender otro ciudadano del mundo en el año 2016, que en este país petrolero, en el siglo XXI, no se ha adelantado en energía eólica o solar, a pesar de tener todos los climas en esos 916445 Km2. Entonces, la sequía afecta a un río al sur del país que alimenta una presa que fue construida en el período que la ideología socialista te dice que ha sido el peor en la historia venezolana. No sólo esa presa fue construida en ese período, también las autopistas, universidades, grandes estructuras y todo el caparazón de este país empobrecido.  
Por si fuera poco, por la estampida de inversión extranjera, algún miembro de tu familia se quedó sin trabajo. Las grandes empresas llevaron sus capitales a Colombia, Panamá o Brasil, por el control cambiario, por la inestabilidad política o sencillamente porque se cansaron de que los insultaran en cadena nacional. Además de la sequía, la inestabilidad política, la escasez de comida y el desempleo, vives en un toque de queda permanente inducido por los cabecillas de la delincuencia organizada. Este gran campo de concentración tiene 3 de las capitales más peligrosas del mundo, Top 20. Si no moriste en la maternidad, si no quedas huérfano de madre, o padre, si alguna vez tuviste, porque también vives en un matriarcado dominado por las hormonas y el sexo irresponsable, si logras estudiar la primaria, comer para sobrevivir y escapar del hampa, puede que te enfermes. Y enfermarse es completamente normal, pero en este gran campo de concentración no hay aspirinas, antihistamínicos y mucho menos anticonvulsivos, medicinas para la hipertensión, la diabetes o el cáncer. Ni hablar de la hemofilia y otras afecciones de ese tipo.
Y si tienes una vida medianamente normal, con un trabajo decente, sobrevives con menos de un dólar diario. Eres pobre según el patrón mundial. Estás en la miseria. La hiperinflación que se esconde detrás de los eufemismos y la neolengua no te permite adquirir una vivienda, un carro, y el control cambiario restringe los viajes.
Venezuela 2016 es un holocausto pasivo, donde una sola morgue de la capital recibe más de 400 cadáveres por fin de semana, te mueres por falta de medicina y estás desnutrido en todo el sentido de la palabra porque un kilo de carne, mala carne, de reses mal alimentadas, cuesta un tercio del sueldo promedio. Nos están matando, nos estamos matando, también. Porque cada día estamos más violentos, y te agarra una golpiza en un supermercado, o te dan un tiro por tu celular, o te secuestran y te violan, seas hombre y mujer, para cobrar un dinero que sólo una élite tiene. Si tienes suerte, te dejan tirado en alguna carretera.
Lo más surrealista de este campo de concentración es que aún existe una parte de la población que aún se engaña, que compra sus alimentos en mercado negro, va a Aruba a comprar desodorante y leche de almendras, paga 20 sueldos por una pieza de ropa y hasta 3 sueldos por un plato de comida en un restaurant.
Y aún así seguimos riendo, haciendo cultura en micro escala, amando, haciendo tripas corazón para que la psiquis no estalle. Somos un pueblo muy noble y resiliente. Muchos se han ido porque pudieron, porque ya no quieren saber ni el clima de este rincón del mundo o porque tuvieron miedo. Los que nos quedamos también tenemos miedo, quizás también pudimos irnos, pero no quisimos, quizás tampoco queremos saber ni el clima de esta tierra que respiramos, pero seguimos aquí sin estar.
Hoy me pregunto qué no hicimos para merecer esta prisión sin barrotes, estas condiciones miserables que han arrojado a muchos al suicidio. Unos dicen que no escuchamos, que no prestamos atención a las otros, varias cosas.  Creo que dimos mucho por sentado. Dejamos el volante en automático y hasta huérfano hasta que nos fuimos por el barranco. El golpe avisa. El hambre despertó.

Lo más triste es que siempre hemos sido un pueblo con mala memoria, sabemos toda la teoría, pero somos pésimos ejerciendo derechos y haciendo deberes. Todo esto será olvidado, y cuando la ola vuelva a su parte más baja, otro mesías nos llenará de mentiras. De nuevo, el populismo como un cáncer hará su trabajo, y crecerán de nuevo los barrotes mentales. El venezolano es Sísifo, el ritmo sólo lo determina la inconsciencia. Quisiera alegrarme de los vientos de cambio que deseamos ver en el horizonte, pero el detalle más desalentador es que mientras haya un solo venezolano con hambre, la semilla de la debacle permanecerá latente.