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Thursday, January 17, 2013
Detalle...
"Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien.”
Friday, January 11, 2013
Con la cabeza baja
Mi supervisor me entregó la mopa con el carrito. Cuando miré el recipiente del agua estaba totalmente opaca, miré a aquel chico que si acaso tendría 5 años más que yo con una expresión de miedo...el hizo una mueca que parecía ser una sonrisa, bajo la cabeza y salió del sanitario.
Yo tenía 19 años, pero la mentalidad de una adolescente malcriada de 13. Un desastre natural se había tragado mi universidad y mientras las autoridades decidían qué hacer con nosotros, me tocó buscar un empleo de estudiante. Por supuesto, terminé en una cadena de comida rápida muy famosa. Mis compañeros eran estudiantes y jóvenes que no sabían que hacer con sus vidas. Unos chicos fumaban, otros se drogaban y yo era la más ingenua a la que todos miraban con un pájaro desplumado que cayó mojado en medio de la selva. Asi fue como terminé limpiando el sanitario de hombres.
Recuerdo que lo primero que hice fue cambiar el agua de aquel carrito. Me puse los guantes y comencé por lo que me parecía más fácil: cambiar las bolsas de las papeleras. Lo más difícil fue recoger los papeles usados del piso, aún odio entrar a un baño público y ver semejante espectáculo, lo odio.
Por primera vez limpiaba un baño y no era el mio. Mamá nunca fue dedicada a enseñarme las labores del hogar, no sé si por torpeza o por consentimiento. Fue cuando empezó a enfermar que yo me ocupé de las labores, porque cuando viví sola en el interior del país tenía muchacha de limpieza pagada por la empresa en la que trabajaba. Al vivir sola me tocó completar mi entrenamiento y así fue como poco a poco despejé ciertas áreas, nació en mí cierta fobia a los recuerditos y demás pericos propios de las fiestas familiares y abrí mi mente a la decoración zen. Menos es más. Menos adorno es más rapidez al limpiar.
Me detuve unos segundos cuando me tocó limpiar las tazas todas salpicadas. En el fondo, quería botar todo lo que estaba utilizando, pero ya había botado varios paties de pollo en la estación de fritura esa semana y no era conveniente seguir arrojando el dinero de la empresa a la basura. Me tocó ver tazas sucias, cerrar los ojos y halar la palanca, allí fue cuando comprendí lo similares que somos todos. Cuando llegué al orinal fue épico, nunca había visto uno tan de cerca y me causó extrañeza el semejante tamaño del artefacto. Dejé de último el piso y allí fue donde entendí por qué mamá odiaba las mopas. A partir de ese momento, también las odié.
Luego de finalizar mi tarea y mi guardia, me estaba cambiando en la zona de casilleros cuando las chicas hablaban de sus faenas y yo solté que eso de lavar el baño de los hombres no me parecía correcto. Silencio. La chica de mayor seniority me dijo que había una empresa especial para la limpieza que se ocupaba de ello en el día-mi horario era nocturno- y ninguna de ellas habían realizado semejante tarea. Novatada.
Lo gracioso del asunto es que muchos años después le agradezco a mi supervisor esa tarea. Ha sido la única vez que me ha tocado lavar un baño público, pero fue suficiente para comprender muchas cosas...
Hoy en día veo la actitud de ciertas personas y comprendo que es bueno limpiar mierda ajena aunque sea una vez en la vida.
Yo tenía 19 años, pero la mentalidad de una adolescente malcriada de 13. Un desastre natural se había tragado mi universidad y mientras las autoridades decidían qué hacer con nosotros, me tocó buscar un empleo de estudiante. Por supuesto, terminé en una cadena de comida rápida muy famosa. Mis compañeros eran estudiantes y jóvenes que no sabían que hacer con sus vidas. Unos chicos fumaban, otros se drogaban y yo era la más ingenua a la que todos miraban con un pájaro desplumado que cayó mojado en medio de la selva. Asi fue como terminé limpiando el sanitario de hombres.
Recuerdo que lo primero que hice fue cambiar el agua de aquel carrito. Me puse los guantes y comencé por lo que me parecía más fácil: cambiar las bolsas de las papeleras. Lo más difícil fue recoger los papeles usados del piso, aún odio entrar a un baño público y ver semejante espectáculo, lo odio.
Por primera vez limpiaba un baño y no era el mio. Mamá nunca fue dedicada a enseñarme las labores del hogar, no sé si por torpeza o por consentimiento. Fue cuando empezó a enfermar que yo me ocupé de las labores, porque cuando viví sola en el interior del país tenía muchacha de limpieza pagada por la empresa en la que trabajaba. Al vivir sola me tocó completar mi entrenamiento y así fue como poco a poco despejé ciertas áreas, nació en mí cierta fobia a los recuerditos y demás pericos propios de las fiestas familiares y abrí mi mente a la decoración zen. Menos es más. Menos adorno es más rapidez al limpiar.
Me detuve unos segundos cuando me tocó limpiar las tazas todas salpicadas. En el fondo, quería botar todo lo que estaba utilizando, pero ya había botado varios paties de pollo en la estación de fritura esa semana y no era conveniente seguir arrojando el dinero de la empresa a la basura. Me tocó ver tazas sucias, cerrar los ojos y halar la palanca, allí fue cuando comprendí lo similares que somos todos. Cuando llegué al orinal fue épico, nunca había visto uno tan de cerca y me causó extrañeza el semejante tamaño del artefacto. Dejé de último el piso y allí fue donde entendí por qué mamá odiaba las mopas. A partir de ese momento, también las odié.
Luego de finalizar mi tarea y mi guardia, me estaba cambiando en la zona de casilleros cuando las chicas hablaban de sus faenas y yo solté que eso de lavar el baño de los hombres no me parecía correcto. Silencio. La chica de mayor seniority me dijo que había una empresa especial para la limpieza que se ocupaba de ello en el día-mi horario era nocturno- y ninguna de ellas habían realizado semejante tarea. Novatada.
Lo gracioso del asunto es que muchos años después le agradezco a mi supervisor esa tarea. Ha sido la única vez que me ha tocado lavar un baño público, pero fue suficiente para comprender muchas cosas...
Hoy en día veo la actitud de ciertas personas y comprendo que es bueno limpiar mierda ajena aunque sea una vez en la vida.
Wednesday, January 9, 2013
Signos
Cuántas veces hemos pasado de largo ante los signos de la
vida? Quizás una brisa sospechosa, una mirada, un guiño, un roce de manos…un
dibujo. Cuántas oportunidades hemos
dejado de largo por no abrir bien los ojos del alma?
Suelo buscar signos en cualquier lado. Cuando era pequeña,
mamá y yo descansábamos en la grama a ver las nubes en el parque, siempre
discutíamos, pero me enseñó a ver formas y asociar ideas. Concibo las formas
como una creación de tu mundo interno, algo de psicología hay allí en esa
maniobra divertida de hacer trazos en la arena y tratar de delinear vapor de agua. Los signos son lo que tu
sabiduría, poca o mucha, te quiera decir.
No hablo de las flechas de cruce o las marcas de ropa, hablo de esos
pequeños toques de Dios que a veces alejamos nosotros mismos en esta vorágine
cotidiana.
En la fila del supermercado todos miraban su cesta, su
celular, los anaqueles…por lo general, yo observo a la gente. Hace unos días,
un abuelito estaba delante de mi en la fila y noto que miraba fijamente una
bolsa de pan pita que llevaba por antojo. No le pregunté nada por no ser
odiosa, pero el abuelito me preguntó curioso: “eso que es?” Me extrañé, pero recordé que yo conocí el pan
pita hace poco tiempo. Cuando le
respondí que era un pan como cualquiera me soltó un “Ahhh” que me hizo gracia, parecía un niño
pequeño. Cuando salí del supermercado vi
a unos metros al señor andando poco a poco, lo alcancé y le extendí una pieza
de pan. Le vi la cara de asombro como
quien abre un cofre por vez primera y lo agarró de una manera muy especial, no
tuvo reparo en si agarraba el pan sin servilleta, si había tocado dinero unos
segundos antes, me agradeció con una sonrisa y le dio un mordisco.
Tuve la elección de no prestarle atención a un anciano más
en la fila del supermercado. Quizás ya
había preguntado a alguien más…los signos llegan a la persona que deben tocar,
adentro.
Tuesday, November 20, 2012
Felicidad venezolana
Mi alrededor se convierte en una fila eterna. Fila para entrar al metro, fila para comprar el boleto, fila para salir del metro, fila para pagar servicios, comida, medicamentos, fila para el banco, clinica, cine, panadería. Y como nos acostumbramos a esperar sin reclamar mayor eficiencia, parece no molestarnos hacer una fila para comprar un pollo. Veo al pueblo arrodillado ante un sistema que carece de argumentos, es sólo el desvarío de un payaso triste y resentido. Veo al pueblo mendigando becas y regalías sin trabajar. Veo lo que somos y hemos sido siempre, ese pueblo al que se refería mi profesor de Geografía Económica de 8vo grado, un pueblo flojo. Si, somos flojos. Aunque alguien me diga que hay madres que salen a las 4am a trabajar y que el ferrocarril se llena de gente con ojeras que se pelea por un puesto para sus pies cansados. Somos flojos porque la única esperanza de progresar antes que este daño avanzara, fue rechazada. La rechazaron porque esa opción era tener un trabajo. La rechazaron porque en este país es dificilísimo conseguir un jóven que desee trabajar los fines de semana, porque los fines de semana son sagrados. Este es un país de gente jóven que prefiere el reggaetón a la buena música, prefiere regodearse con mujeres operadas que andar con mujeres inteligentes, y si, este es un país donde el 55% es una persona mediocre, floja, resentida y cobarde.
Duele que la gente que sea trabajadora, que tenga vision y quiera un porvenir de desarrollo sea la minoría. Duele pensar que esos niños del 55% que nunca han conocido otro presidente, crezcan pensando que esto es normal, porque el núcleo malformado y corrupto en el que se desenvuelven, no tiene aspiraciones, prefiere hacer una cola al sol por unos realitos antes que ganárselos con el sudor de su frente. Duele pensar que esos niños criados por esos mediocres son el futuro de esta "Patria Nueva". El hombre flojo, ordinario, sin cultura, sin aspiraciones, ese es el hombre nuevo.
Y más irónico es que un país que se va por un barranco de desidia y populismo sea uno de los más felices del mundo. Recuerdo que somos los más felices al salir a la calle con miedo de que me maten, porque asaltarme ya no es suficiente. Vivo en una tierra de nadie esquivando fanáticos por las calles, ineptos en cargos públicos y asesinos que nunca serán apresados porque los pranes manejan a los líderes a su antojo.
Somos flojos porque ese millón de votantes que se abstuvieron en las zonas de oposición no lo perdono. Somos flojos porque ese hombre que vendió su voto por miedo, por una nevera, por un carro barato o por un puesto no se atrevió a confiar que sí puede salir adelante por sus capacidades, decidió seguir pegado a una teta que no le proporciona ni certeza.
Duele, duele mucho...pero esa es la felicidad venezolana.
Duele que la gente que sea trabajadora, que tenga vision y quiera un porvenir de desarrollo sea la minoría. Duele pensar que esos niños del 55% que nunca han conocido otro presidente, crezcan pensando que esto es normal, porque el núcleo malformado y corrupto en el que se desenvuelven, no tiene aspiraciones, prefiere hacer una cola al sol por unos realitos antes que ganárselos con el sudor de su frente. Duele pensar que esos niños criados por esos mediocres son el futuro de esta "Patria Nueva". El hombre flojo, ordinario, sin cultura, sin aspiraciones, ese es el hombre nuevo.
Y más irónico es que un país que se va por un barranco de desidia y populismo sea uno de los más felices del mundo. Recuerdo que somos los más felices al salir a la calle con miedo de que me maten, porque asaltarme ya no es suficiente. Vivo en una tierra de nadie esquivando fanáticos por las calles, ineptos en cargos públicos y asesinos que nunca serán apresados porque los pranes manejan a los líderes a su antojo.
Somos flojos porque ese millón de votantes que se abstuvieron en las zonas de oposición no lo perdono. Somos flojos porque ese hombre que vendió su voto por miedo, por una nevera, por un carro barato o por un puesto no se atrevió a confiar que sí puede salir adelante por sus capacidades, decidió seguir pegado a una teta que no le proporciona ni certeza.
Duele, duele mucho...pero esa es la felicidad venezolana.
Tuesday, October 16, 2012
Lo que la abuela nunca me dijo
Hice un episodio de rabieta cuando vi que mi mamá regaló mi
cocinita. Medía poco más de 1 metro, tenía ollas, jarras, vasos, y hasta un
juego de té. En el respaldo tenía su
campana y unas cortinas con flores, los gabinetes eran verde guisante y traía unas
figuras de alimentos para jugar.
Tuve una cocinita, una aspiradora, varios bebés que hacían
pipí, burbujas y demás. También tuve maquillaje de niña y un ken que era
polígamo y hasta zoofilico, de eso me daría cuenta tiempo después, para mí,
macho era macho y no importaba si era peluche o era Barbie. Creo que todas
hemos tenido juguetes similares. En estos días conversaba con una amiga que
fuimos criadas para ser la ama de casa perfecta, cocinar, lavar, barrer y
atender a los niños. Mamá siempre me
decía que me iba a casar con un buen hombre, profesional, educado y culto. Creo
que a todas nos dijeron lo mismo alguna vez.
Fuimos criadas como princesas, unas más que otras, con
cortinas de Disney y Barbies que se botaban cuando el cabello se dañaba por el
shampoo. Creo que todas nos probamos los
tacones de mamá y recibimos algún regaño por gastar el perfume.
A mí nunca me dijeron que estaba bien dejarse llevar de vez
en cuando si tomas precauciones. No
recuerdo haber escuchado que los chicos tatuados y con pulseras de púas
lloraban, y lo vi. Un buen amigo de la
universidad tenía el cabello largo, una guitarra llevada y se vestía siempre de
negro, fumaba como chimenea y me hacía reír y aconsejaba como pocos en mi vida.
Nunca escuche en las conversaciones femeninas de cocina acerca de las fantasías
sexuales o los anticonceptivos. Por tener las conversaciones de la tía abuela
en la cabeza, me devané los sesos cuando me enteré,-seis meses después- que mi
novio era casado. Y a mi madre le
brillaron los ojos cuando escuchó a aquel decirme que fuera escogiendo la tela
para el vestido de novia porque El había llegado.
El vestido, la casa y el perro es una fantasía que se lleva
en el cromosoma X. Hombres y mujeres por
igual sufren la presión de la gran boda, el gran esposo o esposa, los hijos y
la hipoteca. Las abuelas nunca te dicen
que quizás debas ir contra lo que has estado escuchando toda tu vida. Quizás tu
príncipe no es azul, viene en burro o sólo te toca besar sapos hasta que
termines amargada y sola. Quizás te
enamoras de un hombre casado, quizás te gusta un casado que sólo te busca como
bastón emocional cuando tiene un problema que no puede hablar con su mujer, la
que tira bien, pero no sabe escuchar. La
abuela nunca me dijo que Sexo mata sentimientos, que los hombres prefieren
amoblar su infierno antes de luchar por su paraíso. La abuela nunca me dijo que
quizás yo fuera usada.
Me gustaría que las abuelas nos ensenaran a defendernos, a
creer en nosotras mismas. En vez de bebés y cocinitas nos regalaran kits de
doctora, maletines y si regalan juegos de te, que sean para alentarte a ser
diplomática. Ojalá la confianza en nuestra femeneidad se inculcara desde
temprano para no andar lidiando con miedos cuando nos baja la regla por primera
vez. Ojalá tuviéramos abuelas modernas, que nos dijeran que tiremos con los que
nos de nota, con precaución, pero siendo una dama y comportándonos como tal.
Ojalá, las abuelas, madres, tias dejaran de ser las hadas
del cuento y nos pusieran los pies en la tierra para vivir sin remordimientos
sin fundamentos. Ojalá pudiéramos borrarnos
el disco duro de tantas utopías y comprender que, definitivamente, no es lo que
deseas, es lo que necesitas, lo que te hace felíz.
Saturday, October 6, 2012
Fidel siempre quiso un Wallmart
Toda mi vida he sido curiosa. Fui criada con un criterio de “prueba
primero, decide después” y con el tiempo he aprendido a dosificar mi interés
por lo que me inquieta.
Luego de escuchar un poco el discurso de apertura del nuevo
Abasto Bicentenario en Zona Rental, decidí hacer un poco turismo de aventura
por esos predios donde la izquierda radical predomina. Fui a conocer uno de los logros
revolucionarios vestida de colores neutros, con apenas una bandolera a la
cintura, esperando encontrar un
supermercado sencillo y sin pretensiones, quería comparar precios de los
artículos y ver con mis ojos el supuesto bienestar socialista.
La entrada es horrorosa.
Un camino de tierra, sin paisajismo, sin adornos más que banderines
rojos, mi ánimo iba en descenso, pero ya me encontraba en el lugar, había
caminado unos 100 metros bajo el sol del mediodía, tenía que salir de allí al
menos con una galleta. Al traspasar el umbral la cosa cambia, pero no alienta
mucho por un grupo de personas que se pelean con un guardia por unos
electrodomésticos de Mi casa equipada.
Comencé a sentir el aire acondicionado y me percaté del piso de
porcelanato. A mi alrededor unos locales
vacíos que prometen una farmacia, bancos del gobierno. Sigo avanzando y me tropiezo con una tienda Ecology,
así, en inglés, donde venden muchos artículos imperialistas a precios de
burguesía. Una cava que cuesta más que
mi quincena y chaquetas de los Leones del Caracas por 1000 Bs. Medio salario
que no enriquece ni empobrece a nadie.
Más allá veo un café Venezuela, bien ambientado, pero sin el
menor trazo de atención. Dos chicas con
el ánimo de Garfield un lunes me miraban como zombies, yo sonreía ante la
novedad, pero me rendí a los segundos y pedí par de barras de chocolate que
luego boté porque, sinceramente, no son de buena calidad. Conté 10 guardias con armamento largo,
custodiando el recinto, me asombré al ver la firma del Presidente como
decoración de los ascensores. Una Sra. Me preguntó por mi cara y yo dije: Qué
bonito! Me sentía como una infiltrada en la URSS. No me alcanzó la quijada para el segundo
nivel, luego de pasar la rampa de aeropuerto, vi una serie de locales propios
de cualquier centro comercial: Hush Puppies Outlet, Black Store, Wrangler,
Churro Mania y una tiendita de regalos estilo Hallmart con globos, peluches y
confites. Prometiendo que volvería por unos Hush Puppies a Bs. 350, entre en el
supermercado como tal. Tiene disposición
de un Walmart, electrónica y computación a la izquierda. Pasillos repletos cual tienda de Punto Fijo,
Televisores de todos los tamaños Panasonic, Sony, Samsung, Etc. Luego viene el departamento de oficina,
Hogar, Ropa, Cosmeticos y termina con los alimentos. En la sección de ropa para damas, solté una
carcajada al ver una Chiquinquirá de cartón tamaño natural promocionando los
jeans Hugo Espina, me pregunto si la animadora de Despierta América conoce de
su presencia en el establecimiento. Los precios no varían considerablemente con
otros establecimientos comerciales, no encontré gran diferencia salvo con unos
recipientes de plástico a Bs. 18 que me parecieron buenos para traer mi
almuerzo.
Vi muchos rostros de satisfacción, relajados. Me pregunto si
estas personas se sienten más respetados en el Bicentenario que en un EG o en
un CM, los veo ignorantes, con el velo, pensando que son mejores tratados por
el personal uniformado de rojo. Veo a
los ovejos ir contentos al matadero, con vendas en los ojos. Siempre he pensado que el hombre que no busque
su desarrollo y su confort vino con genes defectuosos. Me gusta creer que la humanidad desea su
progreso. Quiero creer que mi pueblo
venezolano es inteligente y sabe que todo este parapeto barroco que ha
consumido los recursos de la nación debe morir.
Quiero creer que vamos a recuperar nuestra autoestima para no dejar que
nos traten como pendejos y sabemos
reconocer la diferencia de un modelo que sólo guarda las apariencias. Un modelo que es creado por el Estado sólo
para tapar los ojos del pueblo mientras los gobernantes prueban las mieles del
capitalismo debe cesar.
Quiero creer que vamos a asumir el reto de dejar de ser
mendigos para convertirnos en ciudadanos de una tierra llena de riquezas que no
ha sido valorada.
Fidel siempre quiso un Wallmart. Venezuela siempre ha querido que la valores, este país no es una dama barata.
Wednesday, September 12, 2012
Si, tengo que abrir el libro
Tengo un diploma en casa que dice: “Técnico Superior en
Tecnología Electrónica”. Tengo 5
certificados que dicen Schlumberger Sugar Land Center. Houston, Texas. Mi CV dice Measurementes while drilling
specialist. Trabajo en una librería.
Vivo todos los días esa máxima del ilustre Forrest Gump:
“Life is a
box of chocolates”
Por un chocolate amargo tuve que soportar varias vejaciones
en mi trabajo anterior, hasta que tuve la suficiente dignidad para renunciar. Por otro chocolate, conocí a una persona que
se le ocurrió la idea de abrir una librería en un país donde pocos le apuestan
a la cultura, y asi, me contrató. Un
trabajo temporal “mientras consigues algo mejor” se convirtió en una razón para
levantarme en las mañanas, sobretodo luego de que partiera mi madre.
A veces, es lindo conocer gente. A veces, retador. Hay días
donde me siento la más bruta de las mujeres porque no conozco a un autor. Los
clientes exigentes a veces pueden ser crueles. Conozco los comentarios pedantes
de los ilustrados, conozco la comprensión de esos que amablemente me han dicho:
“Yo te enseño un poquito” o “Aprendemos las dos”.
Me acaban de preguntar si un libro es bilingüe, le digo al
Sr. Al otro lado del teléfono que me de unos segundos. La persona me pregunta “Acaso tienes que
abrir el libro para responderme eso?”
Si, debo abrirlo. Debo abrirlo porque no conozco otra forma
de saber, mucho libros son bilingües sin decirlo en su portada. Debo abrirlo
porque yo hacia muy bien mi trabajo haciendo registros en pozos, pero un día se
me ocurrió decir que no había petróleo donde una persona sin instrucción suficiente
para ser jefe de campo decía que si había. Una esposa de gerente con la ideología
de turno. Debo abrir el libro porque en
una economía en recesión no encontré una plaza acorde a mi formación, por más
CV´s que entregué. Debo abrir el libro
porque no lo sé todo.
A ti, el cliente del teléfono…Agradece que tengo las ganas
de abrir el libro, porque…sencillamente, es más fácil, darse por vencido.
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